Cosas que nunca te diré, o lo que no hay que decirle a una madre.

Querida madre:

 

Que te quiero es indiscutible, posiblemente tanto o más de lo que tú me quieres a mí. Has intentado protegerme llevarme por el buen camino, hacerme un ser respetable y eso te lo he agradecido hasta este momento en el que ya no puedo más.

 

Comprendo la angustia vital que te ha llevado a hacer de mí lo que soy: este mundo es hostil, es fácil verse fuera, abandonado, desechado por todo y por todos, tirado en la calle… En este mundo no hay solidaridad, no hay creatividad, no hay colaboración, sólo competencia… ¡Cuanta razón tenías, madre! ¿Querrás entender que no forme parte de esa cadena? Podrás algun día perdonarme por renunciar a ser alguien en este mundo, porque no me preocupe el futuro (piénsalo bien, madre, ¿qué futuro?)

 

No voy a ser feliz si sigo el camino que quieres que tome madre. Es normal que quieras asegurar mi sustento, que desees que no me falte de nada y que entre en el sistema de manera ordenada para que mi vida sea próspera y sin carencias… Pero es que ese sistema de vida me va a proporcionar muchas otras carencias, madre. Carencias de las que no compra el dinero, madre, carencias del alma. Carencias de felicidad, de plenitud.

Eso no lo da el dinero ni lo garantiza el no tener carencias materiales.

 

Si soy absolutamente infeliz, madre, no es tu culpa sino mía. Si no he tenido agallas a decirte que lo que quiero para mi vida no es lo mismo que lo que quieras tú, si no me atrevo a decirte, que tú ya viviste tu vida y que debes dejarme vivir la mía a mi manera, no es culpa tuya, madre.

 

Pero si es culpa tuya el no haberme enseñado a luchar por algo distinto, estoy alienada, madre, y lo estoy porque quisisteis. No sé luchar lo que quiero, me da de comer un trabajo que detesto completamente, madre, y eso si es culpa tuya, porque no creías que hubiera un camino alternativo, o no querías creerlo, o te pareció que yo no era tan extraordinaria para poder recorrerlo, y me condenaste a una vida mediocre de la que cada día y sin éxito, trato de escapar.

 

Un beso, madre. No olvides que nada hay en el mundo que pueda alejarme de ti y de tu influencia, y que pase lo que pase, si un día lo consigo, habrá sido, de todas formas, como todo, gracias a ti.

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