La idea de eternidad: mensajes del otro mundo… ¿se anuncia el final antes de llegar?

En algún sitio leí, que somos -las personas- demasiado egocéntricas como para aceptar la idea de nuestra propia muerte. Vivimos como si nuestra vida no tuviera un final, vivimos con la eternidad por destino, despreocupados…

Un gran amigo -al que no conozco- me dice que sus fantasmas siempre le acompañan, que cada noche los escucha y los espera, que jamás los ignora: “eso sería abandonarlos al presente y dejarlos sin futuro” 

Yo, que no tengo santos ni creencias, si algo me hace falta se lo pido a los que no estando aqui, siguen conmigo. Mis fantasmas me acompañan también a mí, siempre, y desde hace algunos meses, supongo que me estarán esperando, últimamente cada noche me visitan y me anuncian un no tan lejano encuentro, o sólo me lo recuerdan, o simplemente saludan, eso no puedo saberlo.

El mismo gran amigo -al que no conozco- dice que eso es porque están conmigo.

Probablemente esto suene mal, pero de entre ellos, mis fantasmas,  al que más añoro no es a una persona sino a un animal, que sé paseará como antaño delante de mí, marcándome el camino, que instintivamente, siempre conoció mejor que yo.

Y ahora creo que vienen, creo que me andan buscando porque ahora son ellos los que han de pedirme algo, me piden que me dé prisa, que reaccione y deje las cosas bien atadas, probablemente. ¿O soy yo la que me lo pido a gritos sin resultado?

Ahora me doy cuenta de que sí es verdad: he vivido para la eternidad, en vez de vivir cada día como si fuera el último… Y qué idea tan rara esa también, de vivir la vida como si fuera el último día… ¿Vamos a ponernos histéricos ahora? ¿Va a ser esa ahora, nuestra preocupación principal? ¿Cosas que dejamos pasar, cosas que hay que terminar a tiempo?

Me pregunto si el final nos es anunciado y cómo. Me pregunto si toda esta angustia, los mensajes de otro mundo que cada noche en sueños he recibido eran reales ahora que ya puedo pensar que no tenía porqué ser únicamente paranoias… ¿Nos es anunciado el final?  ¿Eran esos sueños mensajes? ¿de mi subconsciente, quizá? ¿de mis amigos muertos? ¿Les avisaron a ellos y me avisan ahora a mí? Sólo me surgen preguntas para las que no tengo respuesta.

Además he hecho una visita muy rara. Allí estaban en un bar tan reluciente que jamás estuvimos en uno parecido. En un bar que tenía tan poco de tugurio, que sé que es la primera vez que lo he pisado. Alli estaban, en la barra, aunque no demasiado juntos. No sé quién era el camarero, tal vez no había, y vi a Raúl, como en su casa, riendo, joder once años, casi doce allí. También vi al Tito, que no me hizo mucho caso, y el Dani que se ríe de mí un poco sarcástico, porque nuestro último encuentro, no es que fuera excesivamente amable, y los veo que allí están oyendo ska en un suelo ajedrezado, en una inmensa barra, donde al final ni vamos a caber todos, acodados allí, y eso un poco me tranquiliza, porque sé que me van a hacer sentir como en casa, y que habrá cerveza fría, un buen bar y buena música, y que estarán probablemente los que echo de menos, sólo los que añoro.

He visto, en las películas a toda esa gente, con sus listas de recados más urgentes, urgencia que a veces también a mí me salva de la desesperación y que cuando estoy serena y sola, frente a mis cosas por hacer, sólo me da risa y pena. Al final siempre vence la apatía…

Qué más da: somos piel y sueños…  y después no somos nada…

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