La fragilidad: sólo una elección

He pasado estos días cuidándome, pensando en la enfermedad y en la ausencia, evitando subir o bajar escaleras, ahorrando esfuerzos, evitando golpes… Sintiéndome frágil y delicada por primera vez en mi vida.

Poco a poco las cosas vuelven a su lugar, los enemigos están allí, y no pueden dejar de ser enemigos, eso sería tirar la toalla…

Este fin de semana, se acabó la censura de movimientos, se acabó la pose de flor marchita:  hoy me duelen los huesos y los golpes, me siento viva y dolorida.

La inyección de vida que proporciona una manta de golpes que llueven sin control y que la adrenalina evita sentir hasta pasadas varias horas es una buena medicina; una sensación de estar y estar luchando; en todos los sentidos, peleando:  batallando contra los que sin duda me quieren al otro lado, defendiendo mi existencia sobre tod@s los que van a reirse, los que van a alegrarse cuando yo no esté.

Por eso, no es sólo una pelea, es mi manera de estar viva, más viva que nunca, golpeando a la desgracia y a los desgraciad@s que quieren acabar conmigo y mi felicidad.

Tras los golpes, no hay más miedo que un día, no poder darlos, un día no poder ser el blanco de los odios y rencores, sino sólo el de la compasión ajena.

Voy a estar luchando, hasta el final.

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