Bartleby, el escribiente.

En primer lugar, mis disculpas por la osadía de esta entrada en la que me propongo hacer un frívolo y vanguardista análisis de un relato universal. Nada más lejos de mi intención erigirme en crítica ni analista de textos, menos de calibre tal como el referido aqui. Se trata, únicamente de exponer un punto de vista nuevo y probablemente errático acerca del Bartleby, el escribiente. Algo tan barato y falto de veracidad como puede ser la opinión de un cualquiera: yo, en este caso.

Mucho se ha hablado acerca del célebre relato de Herman Melville y sus significados. Es antiguo este texto, de 1853, y quizá fue gracias a Vila-Matas que recuperó su actualidad, cuando en su libro Bartleby y compañía utiliza este término  -“bartleby”- aplicado a los escritores o escribientes que un buen día renunciaron…

¿Pero de qué trata en realidad el cuento de Melville? Para mí, tantos años después de su invención, no hay duda de que su intemporalidad se debe a lo actual del tema. No veo que Bartleby esté renunciando a escribir, ni le veo como escritor… ¿No será que Barteby es un trabajador rebelde? ¿No estaremos, sino ante el primer, ante el segundo huelguista de la historia?

Otro indicio de la crítica laboral, que desde mi punto de vista está efectuando Melville, radica en el retrato de las actividades de sus empleados. Un buen jemplo es éste en el que se describe la personalidad -cambiante a lo largo de la jornada- de su empleado Turkey:

“resolví, un sábado a mediodía (siempre estaba peor los sábados), sugerirle, muy bondadosamente, que, tal vez, ahora que empezaba a envejecer, sería prudente abreviar sus tareas; en una palabra, no necesitaba venir a la oficina más que de mañana.”

O este otro, referido a su otro escribiente:

“Era una suerte para mí que, debido a su causa primordial -la mala digestión-, la irritabilidad y la consiguiente nerviosidad de Nippers eran más notables de mañana, y que de tarde estaba relativamente tranquilo”

Es por esto, que nada más iniciar la lectura del relato, me simpatizó la causa noble que sin duda identifiqué como una crítica a la maldad de los horarios laborales y del trabajo en general. De lo que realmente trata Melville es de la alienación: de la crueldad y lo sórdido de la jornada partida. Y de un héroe en huelga cuya reivindicación radica en que a más horas, no necesariamente más productividad.  Un héroe que nos recuerda el derecho a la pereza.

Ahí queda dicho. No faltará gente que esté en desacuerdo conmigo, pero lo grande de estos pequeños relatos es poderlos leer con ojos distintos y llenos de significado nuevo cada vez.

Si no sabes de qué relato te estoy hablando, puedes acceder aqui

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Una respuesta a “Bartleby, el escribiente.

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