¿Cuánto tiempo tarda uno en dejar de existir?

Eso me pregunto, mientras te recuerdo… ¿Cuánto tiempo tarda la gente en olvidarse de una cara, de la forma de hablar, de la risa del otro? ¿Cuánto se tarda en dejar de asociar una canción a un nombre o un momento vivido en mi compañía?

Las relaciones virtuales son promiscuas y frívolas… Las mías mucho más…

Pienso y vuelvo a darle vueltas al tema de si alguien preguntó por mí, de si  me dejan mensajes echándome en falta, sobretodo si lo hicieron al principio… Sé que no… Creo que no. 

Y ese llamado “principio” resulta extraño y distinto en este caso, porque apenas hace un mes, un mes que me fui. ¿Cuándo termina el recuerdo en el ciber-mundo? ¿Son unos cuántos días? ¿Una semana, quizá, significa el comienzo del olvido?

No puedo imaginar que nadie haya estado esperando una notificación que dijera que estoy disponible ni unas horas siquiera desde que me despedí, supongo que sí pronunciarían -escribirían, quizá- mi nombre entre estupefactas muestras de asombro y desprecio. Y quizá de alegría también.

Como en todos los sitios, no fui muy amigable en éste tampoco. Por eso cuando me pregunto, como si lo hiciera por un plural, no es cierto. Me pregunto sólo por el único que siempre me importó, por aquel que tenía la prosa más bella y adictiva. Porque, en realidad cuando abandoné el mundo, no renuncié a nadie más que a él y a un mundo tan obsceno y sin valores como en el que ahora estoy inmersa. Y escapar de ese mundo tenía muchas ventajas y ese único inconveniente: saber que ya no existo, ya no soy para ti, para él. Y a veces da pena, saber mientras simplemente escribo estas palabras, que estos gritos en el desierto esperan una réplica tuya que no llegará, pensar que probablemente para ti -para él-, ni en aquel ni muchísimo menos en este desierto existo… Porque… ¿Cuándo definitivamente dejé de existir en tu mundo? ¿Una semana, dos después de irme? ¿Soy el recuerdo del difunto o ya no soy ni siquiera eso? ¿Soy herida cerrada; uno de esos recuerdos que ya dolieron, y sólo son sonrisas de añoranza y ternura lo que despiertan? 

Interesante, poder morir en una de las dimendiones del mundo, sintiéndose tan viva de nuevo; inquietante, estar esperando olvidar sabiendo que uno no existe en la cabeza del otro.

Terribles paradojas de la era de la información.

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