Crecer con Mircea Eliade.

Confieso que pequé de prejuicio cuando me decepcioné al leer la contraportada de este libro. Pensé que se trataba de otro de esos artefactos editoriales que se aprovechan de la muerte ajena para colarte dos-novelas-al precio-de-una, de lo que en su tiempo el mismísimo autor no quiso publicar: algún tipo de experimento editorial entre la ambición de originalidad y el ánimo de lucro…

Nada de eso. Se complementan uno al otro, y casi diría que se hacen indispensables. Se completan y forman un todo indivisible y delimitadísimo; se desvela la formación en la que se gestará el genio.  Asistimos a la transformación, a la madurez, a la perversión de la inocencia. Y si en uno se nos confiesa un niño tierno e insatisfecho, en el siguiente asistimos a la conversión terrible en adulto del genio Mircea.

Reseñé el primer libro desganada, la verdad, aunque no sé por qué: me caía realmente simpático ese joven, inseguro y feo que apenas era capaz de batirse en duelo con su voluntad: siempre doblegado por su incontrolable afición por las Letras  resultaba humillado por las obligaciones que iba descuidando (y por el profesor de física).

Distinto ha sido el encuentro con el joven y ambicioso Eliade universitario que se vanagloria de sí mismo en Gaudeamus.

Lo he detestado tanto como a ratos se detesta él a sí mismo: su soberbia, su afán de ascetismo, la prepotencia que supura su discurso me resulta ridículo  e incluso indignante a ratos…

Pero es él, Mircea Eliade, el puro genio creador, el pequeño dios insolente, tal como es un genio extravagante y verdadero a los veintipocos años… ¡Insoportable con h! ¡Dan ganas de asesinarlo! Me cayó realmente mal, aunque eso, en el subconsciente de cada uno queda y  para eso hay que conocer de primera mano.

Afirma unas cosas horribles sin pestañear sobre el alma de las mujeres, y tortura psicológica y sentimentalmente a una jovencita para llevar a cabo su particular “heroicismo”. El muy enfermo modela a su imagen y semejanza a una chica, la estimula  -intelectualmente- para llevar a cabo uno de sus experimentos heroicos: el heroicismo supone para Mircea el sacrificio y la automutilación, al parecer.

En fin, como deciros que Mircea fue un personaje más tarde pervertido por su entorno social:  abrigó a los regimenes totalitarios y  al antisemitismo, en particular.  Pero también fue un reputado filósofo, historiador y ensayista.

Como decíamos el otro día en algún lugar del ciberespacio, “no está reñido el ser un escritor magnífico con ser un grandísimo hijo de puta”, como lo es cualquiera que se adhiera a los mandamientos de la Guardia de Hierro o aliente a los racistas.

Pero bueno, yo ví crecer a Mircea, y le deseé lo mejor, incluso que cambiara un poquito cuando ví que se mostraba tan endiosado consigo mismo… Pero el bueno de Mircea había muerto.

Y es una pena porque yo lo ví crecer y no tenía ni idea de en qué se convertiría.

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4 Respuestas a “Crecer con Mircea Eliade.

  1. Interesante y contradictorio Eliade. Yo lo conocía desde la austeridad académica de sus libros sobre el fenómeno religioso, que leí hace años y eran muy interesantes. Desconocía que había escrito estas novelas de corte autobiográfico y a mayores que era un pelín h de p. Estamos en lo de siempre: formación+inteligencia no garantizan bondad+humanidad.

    • ¿Y qué tal son sus libros de teología y eso? ¿Te gustaron? Saludos, Oesido!

      • Bueno, trata de temas como la mitología, los símbolos religiosos, la relación de lo profano y lo sagrado en distintas culturas. Según gustos e intereses. A mí me da qué pensar. Tiene más implicación práctica de lo que parece. Por ejemplo, las cimas de las montañas en todas las culturas son un lugar de revelación. Inconscientemente trasladamos este hecho a una novela: el protagonista se refugia en la alta montaña a fin de meditar sobre decisiones trascendentales. Me estoy liando, no sé si me explico…. Habla bien de Eliade que él mismo sea capaz de retratarse de manera no ventajosa en su propia novela. Parece interesante su lectura y tu post de interesó mucho. Me frena, que no me gusta leer sobre personajes que no me empatizan.

      • diariomediocre

        Sí, a mí también me frena, como tú dices. En mi caso, no conocía su nombre siquiera, antes de asomarme a su autobiografía personal. Gracias a eso lo he leído. Pero bueno, también leí a Cela y no es precisamente Santo de mi devoción.
        Me parece muy interesante lo que me cuentas acerca de su reflexión teológica. Sin duda -a la vista de su autobiografía- es un tema que indagó toda su vida.

        Un saludo.

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