El caso Kurílov, de Irène Némirovsky.

[…]←Adiós, Sr. Legrand, buen viaje. Espero que volvamos a vernos.

Repuse que todo era posible, y nos separamos.

Pero al amanecer me despertó un ruido de pasos y voces ahogadas en el jardín. Me acerqué a la ventana y, por los intersticios de la persiana, vi al pobre Kurílov acompañado de una especie de policía, fácilmente reconocible pese al disfraz. Recordé haberlo visto con el ministro en varias ocasiones, cuando éste iba a presentar sus informes azar. Comprendí que iba mandar que me siguieran. Como de costumbre, procedía con muy poca habilidad; pero fue el único momento de nuestra relación en que, de pronto, experimenté odio auténtico. Al ver a aquel hombre seguro de sí mismo, poderoso, tranquilo, que en su jardín, con una escueta orden, podía lograr que me siguieran como a un animal, encerraran y colgarán, comprendí que en determinados casos es fácil matar a sangre fría. En ese instante le habría descerrajar un tiro de revolver en pleno rostro con entera satisfacción.

Pero entretanto había que huir, y eso fue lo que hice. A la vista de todo el mundo tome un tren hacia San Petersburgo, seguido por un policía, pero durante la noche me apeé en una de las pequeñas estaciones de montaña, desde donde gane en la frontera persa. Me quedé unos días en Persia; allí cambié mi pasaporte suizo por la documentación que me facilitaron los miembros del grupo revolucionario de Teherán, a nombre de un vendedor de alfombras del país, y a finales de setiembre volví a Rusia. […]

Si a algo doy importancia en un autor es a su capacidad de empatía con los semejantes y no tan semejantes. Sin esta capacidad, lo que cuenta no vale nada.

La capacidad de Irène para interpretar y justificar a sus semejantes y sus contemporáneos debió de ser imponente: eso es lo primero que puede uno sacar en claro de la lectura de El caso Kurílov, especialmente tras esbozar una biografía minúscula de su autora.

Esta judía nacida en Kiev en 1903, huyó de la Revolución Bolchevique junto a sus padres hacia París en 1919 y en 1929 se inicia su carrera literaria con la publicación de su novela David Golder. La Segunda Guerra Mundial dirigió su destino hacia Auschwitz, donde encontraría la muerte como su marido y otros tantos judíos asesinados.

En El caso Kurílov no hay buenos ni malos: no hay categorizaciones, ni moralinas, ni moralejas, ni panfletos a favor ni en contra. Lo que hay a cambio es una complejísima caracterización psicológica que desvela el conocimiento y el interés de Nemirovsky por indagar en lo más profundo de nuestro ser.

Kurílov es un ministro de Instrucción Pública en tiempos del zar Nicolás II. Su médico es en realidad un revolucionario bolchevique que ha conseguido infiltrarse a su servicio y que planea matarlo. Aunque Kurílov ya está muriéndose, y eso cambia todo: cambian las motivaciones, cambian las miradas, cambia el propio Kurílov.

La relación entre verdugo y víctima, papeles perfectamente intercambiables esta vez, es cada vez más estrecha y compleja; se llena de contradicciones: ternura, compasión, odio e incomprensión a cada minuto, muta con cada acontecimiento, como la vida misma.

Aún sigo impresionada con la capacidad de Nemirovsky para perdonar y amar, para ponerse en situación y comprender a quien no quiso comprenderla a ella.

Y pienso que si no es para hacer un ejercicio de empatía, la Literatura no sirve para nada.

Pero es que la Literatura ya es en sí misma un fin, no un medio, y eso es lo que tienen en común las Artes en mayúscula.

Y además quién soy yo…

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5 Respuestas a “El caso Kurílov, de Irène Némirovsky.

  1. Mi simpatía y predisposición por I. N. es total. Este post es un buen pretexto para animarse a leer el libro comentado. Desde luego me apunto y volveré a este sitio para reseñar mi impresión. Saúdos.

    • diariomediocre

      ¡¡Estoy segura de que te caerá mejor todavía después de leerla!!
      Al contrario de lo que hablábamos el otro día sobre Eliade, ella es encantadora, al menos así, a primera vista.

      Yo voy a empezar el Discurso Vacío para poder ver tu reseña que la tengo allí tentándome a leer tus impresiones… Es que no uso reseñas de libros que voy a frecuentar en breve….

      Saludito! Un placer tener tus letras de visita aqui.

  2. Dicho y hecho. Ha merecido la pena la lectura. Narración sosegada, amena, sin vericuetos ni pretensiones estilísticas extrañas. Hoy en día uno está desacostumbrado a leer algo tan sencillo y tan difícil como una narración-de-una-historia-con-un-principio-y-un-final-biem-planteada-bien-escrita-bien-desarrollada. Y da que pensar sobre el carácter de los dos personajes principales, el narrador y el narrado. Y sobre sus ideales, sobre el bien y el mal, la Verdad o la Mentira, todo depende del …

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