¿Por qué éste, Levrero?

Al hilo de la lectura de otras reseñas sobre este libro, y como siempre que he de hacer una crítica negativa, me pregunto si soy una inculta…  Me pregunto por qué otros ven cualidades donde yo no veo nada, y me digo «hiciste bien: este blog que se llama Blues Mund está en la calle diariomediocre, así que puedes desfogarte agusto porque tu opinión es nada; es sólo un apunte en una hoja que se desplaza por el aire hacia el vertedero. Dí lo que desees, loca.»

Así que lo digo: Me pareció que el Discurso Vacío de Levrero hace justo honor a su nombre con un desfile de naderías recalcitrantes.

El cabreo con Mario llegó a ser tan fuerte que lo acuso de megalomanía, egocentrismo y falta de humildad -valga la redundancia- puesto que este refrito de diario, ejercicios caligráficos y queja formalizada, me parece del todo prescindible en la historia de la Literatura y la tala de árboles.

El pretexto utilizado aqui para el desarrollo del discurso son unos ejercicios caligráficos que Levrero realiza como terapia, puesto que cree poder mejorar su estado anímico y sicológico mediante el control de la letra manuscrita.  Con esta excusa de ejercitar diariamente su mano se genera un diario informal, producto de la imposibilidad de garabatear letras acerca de nada.

Los temas que surgen mediante estos ejercicios no son muy variados ni muy originales: la falta de tiempo y la imposibilidad de concentración en su labor, la acumulación de tareas sin importancia, las distracciones a causa de la vida familiar, sus mascotas, etc.

Muchas veces me irrita la falta de humildad de algunos escritores: pareciera que creen que sus temas, sus escritos, sus opiniones o su cotidianidad son indispensables y dignos del mérito de la letra de imprenta; otras muchas veces se echan las manos a la cabeza porque la sociedad no les permite vivir de su trabajo, como si estuvieran por encima del vulgo que arrastra sus vidas de mierda y sus despertadores por doquier…, y yo a veces me pregunto por qué creen que ellos deben vivir una vida al margen de las vidas de mierda del común de los mortales…, por qué nos creemos que tenemos algo que debe salvarnos de una vida de mediocridad y anonimato… ¿Qué hemos hecho para eso? ¿Escribir? ¿Disfrutar? ¿Y por qué si nosotros pedimos comer de lo que nos hace felices, no va a poder un albañil cualquiera exigir el pago por su partidilla de mus dominical, a la que también dedica sus anhelos, neuronas y tiempo libre?

Me pregunto esto porque lo único que podría haber salvado mi experiencia con esta novela es pensar que es obra póstuma, obra salvada de la quema por allegados que encuentran entre sus papeles algo con la continuidad suficiente para publicarlo; obra que el autor considerase absolutamente prescindible o no publicable y que para gozo de seguidores se libera tras su desaparición… Pero la introducción a la obra -del mismo Levrero- aleja esta posibilidad. Este crimen fue cuidadosamente planeado…

Y yo me irrito con Levrero por pensar que sus ejercicios caligráficos, su diario, su frustración y su cotidianidad nos son interesantes. Yo me irrito con Levrero que me va describiendo día a día su trabajo de dibujante de letras, y el éxito o fracaso de la empresa, con el Levrero que lanza críticas a su mujer…, me irrito con Levrero que sólo me ha contado de interesante la historia de su perro y su gato el macarra, aunque me importa una mierda su perro, su gato, su mujer, y sus neuras y me molesta que se crea lo suficientemente importante como para que a alguien le importe su estado de ánimo si no es a su perro,  a su gato, a su mujer o a su editor; y me molesta también que lo haga con la excusa de “saber quién es y encontrarse” porque ese es un ejercicio íntimo, y no público, y porque al fin y al cabo, Levrero, lo que somos -deberías saberlo o quizá en la ausencia ya lo sabes- es nada: un pedo en una marea constante de vida y muerte, en el que a pesar de los delirios de grandeza de algunos, a pesar de las enciclopedias y los libros de texto con nombres y fotos de color, no somos nada. Apenas una huella en la orilla que será borrada en el próximo segundo. Eso somos, Levrero: tú y todos.  Somos nada y nada más.

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4 Respuestas a “¿Por qué éste, Levrero?

  1. Bueno, Maja, que te has despachado a gusto. Admiro tu sinceridad en poner de manifiesto tu evidente malestar. Se te nota muy ofuscada. Cuando lo leí, hace más de un año atrás, tuve la misma sensación de desidia, como si los lectores estuviéramos obligados a leerlo porque es Levrero. Discutí bastante con quien me lo recomendó, y no logramos un acuerdo al respecto.
    Gracias por compartir el parecer, y haberte atrevido a hacerlo público en el blog al que pertenezco. Besos para vos.

    • Muchísimas gracias a ti, Marcelo por darte una vueltita por aqui. Es un placer compartir la impresión.
      Te leo pronto.

  2. Aunque no haya leído el citado libro, entiendo perfectamente el motivo de tu exposición.
    Ánimo diariomediocre, espero leerte pronto en papel impreso, y que escribir sea tu medio de vida.

    • Hola csa!! No estoy enfadada, pero me ha debido salir muy borde el comentario!! Me pareció que le iba bien, je.

      Con tener un medio de vida cualquiera me conformo, que ahora es un lujo eso. Y con unos colegas y algunos discos, para qué más?

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