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Entrada supersticiosa

Esta reseña no hará justicia a Leov Tolstoi ni a Anna Karenina. Esta reseña será apresurada y mediocre porque soy supersticiosa. No supersticiosa como los que temen a los gatos negros y las escaleras: yo soy una supersticiosa autodidacta. Así las creencias se van creando por sí mismas a lo largo de los días y los sueños. Soy una supersticiosa creativa, y ahora me dio mal fario pensar en no cerrar esta etapa con la reseña del último libro que leí este año. No voy a empezar el año con tareas pendientes, y para conseguirlo estoy dispuesta a acabarlo diciendo boludeces. Me parece mejor final…

Anna Karenina es una “novela total”.

La segunda novela total que yo he leído en mi vida (la primera es el 2666 de Bolaño). Y la califico de total, porque total es su temática: no se puede decir que sea ésta una novela sobre la aristocracia rusa del siglo XIX -aunque consiga un retrato más clarividente que cualquier manual de historia-; no se puede decir que el tema central sea el adulterio, ni la vida conyugal, -aunque el adulterio inicie la trama y siga presente en todas sus variantes, y a pesar de que una adúltera es quien le da nombre a la obra maestra-;  no se puede pensar que sea una novela política -aunque las consideraciones, opiniones y facciones políticas aparezcan casi en cada capítulo-; ni religiosa o moral tampoco, porque si algo está claro es que no pretendía Leov Tolstoi dar lecciones morales, religiosas ni políticas a nadie. También está la muerte en el libro de principio a fin, y no es una alarma ante la Irreversible lo que nos transmite su presencia en esta obra: es que tiene que estar, como está la muerte a lo largo de cualquier vida, y como lo están el desamor, los desencuentros y la duda. Toda esta confluencia de circunstancias vitales importantes junto con lo banal y frívolo, -junto con la hipocresía practicada a conciencia por ciertos circulos sociales- convierten a Anna Karenina en una novela total y en una obra maestra del naturalismo.

Pero todas estas cosas se pueden leer en otros blogs. Ya las han analizado mil veces mejor que yo mil personas antes que yo. Me interesa particularmente de este libro la actualidad que –¡¡¡dos siglos después!!!– puede encontrarse en algunas de sus afirmaciones. Asusta ver cuán poco hemos cambiado:

[…] Ya sabes que el capital oprime al obrero. Nuestros obreros, los campesionos, llevan todo el peso del trabajo y se ven en el caso de que, por mucho que trabajen, no pueden evadirse de su condición de bestias carga. Todo lo que podrían ahorrar de su jornal, con lo que podrían mejorar su situación, conseguir algunas horas de ocio y con ellas alguna educación, todo ello se lo quitan los capitalistas. Y la sociedad está constituida de tal modo que cuanto más trabajan, mayor es el provecho de los comerciantes y terratenientes, mientras que ellos seguirán siendo hasta el fin bestias de carga. Hay que cambiar ese estado de cosas. […]

En otro momento, un terrateniente expresa su contrariedad tras la eliminación del régimen de servidumbre, que para él resultaba mucho más provechoso que el de campesinado, y para reafirmar su posición le espeta otra de esas frases de total actualidad, una que me lleva dando vueltas en la cabeza y que me parece perfecta para poner en duda todo el “paradigma crecimiento” tan aceptado comúnmente y tan discutible en mi opinión.

– Observen, por favor, que el progreso, cualquiera que sea su índole, resulta sólo del ejercicio de la autoridad.

En otro momento muy distante, Liovin reprocha a su cuñado la asistencia a una fiesta con estas palabras:

-No te comprendo. ¿Cómo es que no te da asco esa gente? Comprendo que un almuerzo con buen vino de burdeos es agradable, pero ¿no te repugna ese lujo? Toda esa gente, como los monopolistas de alcohol de otros tiempos, se enriquece de un modo que les acarrea el desprecio de los demás. A ellos les trae sin cuidado ese desprecio, y con el dinero que adquieren de mala manera compran a los mismos que les desprecian. […] Toda ganancia que no es proporcional a un trabajo determinado es inmoral.

-¿Y quién define esa proporción?

-Ganar dinero por medios deshonrosos, por artimañas -dijo Liovin, consciente de que no podía trazar una clara linea divisoria entre la honradez y la deshonra-. La banca, por ejemplo -agregó- . Es una maldad amontonar una fortuna enorme sin trabajar, como lo hacían los monopolistas de antes, sólo que de forma diferente.

No hace falta que repita que lo que me alucina de este libro es que sea tan moderno que cualquier afirmación de sus personajes podría haberse dicho ayer.

 

Ahí queda hecho…

Feliz subida de la luz, el gas, el metro, la electricidad y el paro…

Supertición esquivada, y besos para todos…